Malva blanca se origina en las regiones tropicales de Asia, África y las Américas. A menudo considerada una maleza, es conocida por sus altos niveles de adaptabilidad y capacidad reproductiva que le permiten extenderse rápidamente, infestando céspedes y jardines. Una planta puede producir alrededor de 4500 semillas anualmente, contribuyendo efectivamente a su carácter invasivo. Su nocividad proviene de su naturaleza robusta y su capacidad para competir con especies vegetales nativas, perturbando así el equilibrio del ecosistema. Densas agrupaciones de malva blanca pueden formar una alfombra gruesa, inhibiendo el crecimiento de otras plantas y afectando la estética general de los jardines. La planta se propaga principalmente a través de sus semillas, que son dispersadas por el viento, el agua y la actividad humana, a menudo adhiriéndose a la ropa o al pelaje de los animales, asegurando una distribución amplia.